sábado, 25 de abril de 2015

25 de abril. 10:10 A.M. / 24 años/

Un día como hoy, a ésta misma hora, hace 24 años mi mamá se convirtió en madre por segunda vez, mi papá fue quién eligió mi nombre y mi abuelo fue el primero en conocerme.
Según cuenta la leyenda, de pequeña fui una persona tranquila y risueña. Buena para bailar y cantar y hacer shows donde me creía la Tahlia. También era llorona, enojona, temperamental y miedosa.
Llena de amor por la vida e inquietud por lo nuevo.
Amante de Buffy y faltar al colegio.
Según cuenta mi abuelo, a horas de haber nacido y en vez de dormir o llorar como la mayoría de los bebes, yo me dediqué a mirar todo: girar la cabeza y absorber el nuevo mundo en el que había entrado. Tranquila, con los ojos muy abiertos, me preguntaba dónde había llegado, que seria de mi, que grandes hazañas haría en mi vida, cuantas personas llegaría a amar, cuantas desilusiones tendría y en que tipo de persona me convertiría. Esa pequeña bebé no podía imaginar en que tipo de persona me convertiría y durante mucho tiempo yo tampoco pude.
Pero ahora, después de cielos e infiernos, de buenos y malos momentos, he llegado a este momento en mi vida en el que puedo decir sinceramente que soy feliz.
En el que cada día aprendo algo nuevo sobre mi misma, cada día reconozco mi yo interior, aprecio mi alma y mi ingenio, mi corazón y mi mente.
Cada día doy gracias por las segundas oportunidades.
Esa segunda oportunidad que no creí merecer y aún así me la dieron.
Gracias a la vida, a mi familia y a mi misma por todo lo que tengo y todo lo que soy.
Gracias también a todos los que son parte de mi día a día, a las amigas con las que hablo al despertar y al ir a dormir, las amigas que me acompañan en los buenos y malos momentos. Gracias a los que están lejos pero cerca en el corazón, gracias a todo aquel que piensa en mi y me manda su amor. Es correspondido, apreciado y valorado.
Gracias infinitas a mi mamá, por todo lo que es, por los valores que me inculcó y el amor infinito.
Gracias a mi papá por estar ahí, por seguir ahí y por intentarlo nuevamente. Nada es perfecto, nadie es perfecto, pero las personas aprenden en el día a día.

Gracias por cada mensaje, cada llamada, cada pensamiento.