sábado, 8 de junio de 2013

Señora interesante

A veces tengo tanto que contar que no sé por donde empezar. Creo que haré caso de Jack el destripador; vamos por partes.


Jueves

Me levanté temprano para ir a alegar al Provincial de educación por todo el lío en el que me metieron esta semana. Me dieron una solución. Tengo 9 días más para estudiar 4 asignaturas (Filosofía, Castellano, C. Sociales y C. Naturales) y ahí tienen que decirme en que liceo o colegio he de ir a dar las pruebas. No me amargo, veo el lado positivo y agradezco tener más tiempo para estudiar.
Bien, después de huir de ese sitio maldito, pasé donde mi abuela. Vive a 3 estaciones del metro de donde estaba, así que aproveché de pasar; conversamos, comimos juntas, robé wifi de mi papá, y encontré dos fotos mías de cuando era pequeña, tan terriblemente tierna. No pude hacer otra cosa que sacarle una foto y enviársela a mi amiga Silvia por Line y estuvo un buen rato riéndose de lo linda y tierna que era yo de pequeña. Según ella, me creía Shakira, pero no sabe que yo de pequeña realmente me creía Thalía. 
No es que haya cambiado mucho, aunque ahora cuando bailo, canto, hago show y todas esas cosas, no hay nadie detrás mio con una cámara grabándome. Gracias mamá ;)

Después, a eso de las 3 de la tarde, me fui caminando de la casa de mi abuela (paradero 16) al trabajo de mi tía (paradero 28). Mientras hacía mi camino, al ritmo de mi mp3, encontré una tienda de semillas. Entré y me puse a conversar con la señora, y a lo tonto estuve casi una hora conversando!! Nos contamos todo, supe que tiene un hijo que estudia nutrición, una hija vegetariana, que la tienda de semillas es algo nuevo y que va muy bien (se nota que se está poniendo de moda), me dio consejos de como hacer leche de almendras, y otras cosas. Fue genial hablar con alguien que no conocía de nada de tantas cosas y temas interesantes. Espero volver a comprar pronto. Me gustó la conversación y compré semillas de girasol. Awww las hechaba de menos. Iba por la calle like a bitch comiendo pipas, me recordó tanto a España.
Así que volví a mi ruta, solo desviándome del camino para comprarme una manzana verde en una pequeña verdulería. Llegué al trabajo de mi tía, me dio las llaves de su casa, tomé la micro a mi casa, entré a buscar algo, salí, tome otra micro a casa de mi tía, llegué allá, luche con uñas y dientes para poder abrir una de las 3 puertas y al fin, después de 15 minutos luchando, le encontré el truquillo y pude dejar salir al perro. Entré y me tiré en la cama. Al fin un descanso. Me lo merecía. Pero no duró mucho, ese pequeño engendro del demonio me llamó y me pidió que la acompañara al supermercado a hacer LA COMPRA. Así que me dije: ¿why not? Nos juntamos, compramos de todo, nos devolvimos a casa en taxi, le ayudé con mis dotes de organizadora y después me fui a mi casa.
Ahí si que llegó mi descanso. Tenía grandes planes para el día siguiente, pero no sabía que podrían cambiar tanto las cosas.


Viernes

Desperté a las 1.30, me dolía todo. Me volví a dormir. Desperté otra vez a las 4 de la mañana, me levanté al baño a ver si mi cara estaba deforme o algo, porque el dolor era demasiado, pero me miré en el espejo y no tenía nada. Bebí agua, seguí durmiendo. Volví a despertar a las 6.30 y no pude seguir durmiendo. El dolor de cuerpo, de malestar general más el dolor de la mandíbula me estaba matando. Mi abuela me dio una pastilla y me quedé dormida. Desperté a las 10, mucho mejor. Tuve un momento decisivo en el que me dije: Puedes quedarte todo el día en cama, y quejarte de todo lo que te duele y lo triste que es tu vida, o salir y disfrutar del sol. Así que, hice lo mejor. Me duché, me arreglé, hice la comida, comí y me fui a San Bernardo, cargada con los libros para estudiar y cosas ñam para comer.
Iba en el colectivo casi llegando y vi a una amiga. Me vino a la mente las típicas escenas chorras de las películas americanas, cuando el hombre se sube al taxi y le dice al conductor: "Siga ese auto", pero en mi caso fue más como: DÉJEME EN LA ESQUINA!
Me bajé y justo la vi cuando venía caminando. Nos saludamos y conversamos como media hora o más. Puro riéndonos, yo de las tonterías que decíamos y ella de lo mismo, añadiendo el factor de mi cambio de voz por el costipado. Es tan incomodo reír cuando estás enferma de la garganta. Me ahogaba cada vez que hablaba o me reía. Menos mal que tenía mi botellita de agua a mi lado, si no, no estaría contando esta entretenida crónica de mi vida que es esencial para tantas personas.
Luego fui a comprarme el jarabe para la tos, bebí un sorbo y me sentí como nueva. Seguí con mi día yendo a buscar el finiquito, y al fin, después de tanto perder el tiempo, pude ir al parque, tirarme en el pasto y disfrutar del sol, estudiar y comer de mi bolsa del gato cósmico  Siempre ando con cosas entretenidas o ricas en mi mochila, por algo el apodo de "gato cósmico . Esta vez era una bolsa ziploc con nueces, plátano deshidratado y natur. Mientras disfrutaba de mi tranquilidad, pasaron varias cosas graciosas. 
Mensajes graciosos y un poco lelos de dos amigas, más un par de llamadas de otra persona y pajaritos cantando. Me preguntaba si estaba en alguna maldita película Disney y si era así, cuando acabaría.
Había un grupo de niños de jardín infantil con sus tías, haciendo alguna actividad o algo, no lo se, pero los escuchaba cerca, cuando de repente una pequeña sombra apareció a mi lado, alcé la vista y ahí estaba una mini Dora la exploradora. Se sentó al lado mío, me miró y dijo: "Holi, ¿que estás haciendo?" 
Aquí tengo que parar a reflexionar un momento. Sentí tanta ternura por esa cosa pequeña, que me dio risa. No hay muchos niños pequeños en mi familia con los que interactúe frecuentemente, salvo la hija de mi primo, pero la veo cada dos meses o así, y el hijo de mi otro primo, que tiene casi la misma edad, pero que tampoco veo muy seguido. Y cuando los veo, se me pegan como lapa. Lo cual es raro, porque no me gustan los niños, me ponen nerviosa. Lo único que hice cuando esa pequeña niña me habló, fue reír.
A veces olvido lo inteligentes que pueden llegar a ser los niños. Tan listillos y maduros en sus conversaciones con adultos. No esperaba eso de un niño de 3 años. Miró mi bolsa de frutos secos y me iba a pedir cuando la tía la llamó. Ahí me di cuenta de que tenía escrito su nombre en el delantal y le dije: Cony, anda que te llama la tía. Y ahí se levantó tan malditamente tierna, se despidió con la mano y se fue corriendo.
Me quedé harto rato pensando en la pequeña Dora, cuando un perro se me acercó. En serio ¿QUE ONDA? ¿Atraigo a niños y perros sólo? ¿No podía acercarse un tipo hipster con un libro o una guitarra y pedirme compartir los frutos secos? No me quejo, la pequeña Dora fue adorable a más no poder, y el perrito... bueno, he de reconocer que lo vi marcharse un poco decepcionado, pensaba que le iba a dar algo rico y solo le tiré un poco de natur, lo olisqueó y se fue indignado. Aunque no sé cuanto de real era su indignación y cuanto fingido porque antes de irse, intentó lamerme la cara y hacerse el lindo.
Esperaba ver a alguien, pero no pudo ser y no importa. Siempre habrá otra oportunidad. Lo pasé genial. Después de la niña y el perro, y todo el agua que bebí, necesitaba un baño urgente. Así que fui al centro comercial donde trabaja mi hermana, pasé al baño y la esperé a que terminara su turno para venirnos juntas a casa.
FIN :3

Sé que como personas necesitamos compañerismo, amistad, tener a alguien ahí a quién querer y que nos quiera. Alguien con quien poder contar. Eso lo admito y es lo que quiero. Espero en un futuro, tener a alguien así en mi vida. Un compañero, un amigo. Pero al mismo tiempo, disfruto mucho de mis momentos de soledad. Me gusta poder disfrutar de pequeños momentos por mi cuenta. Caminar sola, ir donde quiera. Me gusta esa independencia. Ser dueña de mi misma, de mi destino y si en un momento se me ocurre ir a tal sitio, poder ir sin preocupaciones. Agradezco esos momentos. Son mis favoritos. Aunque, no comparables con los momentos de buena compañía. Todo se trata de equilibrio.