viernes, 18 de abril de 2014

Abril solía ser el mejor mes

Siempre tuve la firme creencia de que Abril era el mejor mes del año; porque es mi cumpleaños, por la época tranquila, porque no hace ni tanto calor como en enero/febrero ni frío como en junio/julio.
Por lo visto, a la vida le gusta darme patadas en el culo y vuelta a mis creencias: Abril es un mes de mierda. Como las pelotas. Infernal.
Entre temblores, una pre-diabetes detectada, cierta discusión con un supervisor que se salió de las manos y quedó en una amonestación para mi, entre que aún no abren el nuevo local así que sigo yendo al aeropuerto, más un accidente que pudo evitarse si los conductores de las micros tuvieran dos dedos de frente y, sobre todo, si las personas fueran un poco más atentas y menos cabronas.
Se que no es bueno generalizar, ya que no todos son iguales, pero mira que tengo mala suerte a veces.
Hay días en que me molesta todo, desde la forma en que hablan los demás, hasta su maldita costumbre de caminar lento, no dejar subir las escaleras en el metro, subirse sin pagar y un montón de cosas más. Hay días que no logro encontrar nada bueno.
Pero...
Están esos días en los que recuerdo el por qué de que me guste mi vida. Recuerdo a todas las personas que tengo en mi vida y que cada día me dicen lo mucho que me aprecian. ¿Cómo podría quejarme cuando personas que no conozco de nada me sonríen en el metro?
¿Cuando gente que va a comprar al local es tan amable y me saca más de una sonrisa? A veces con las cosas más mínimas encuentro las razones de seguir adelante. Encuentro los porqués de que esto valga la pena. De que mi futuro valga la pena.
Tengo la creencia de que las cosas malas van a pasar, tanto como cosas buenas. El tema es que las malas nos marcan más y a las buenas muchas veces no le damos la suficiente importancia.
Podría ser también de que por cada cosa mala que te pasa, la vida te lo devolviera con intereses? O el mundo no trabaja así? Como dice Gus:
 "La vida no es una fábrica de conceder deseos"
Aunque tampoco es que necesite que me conceda deseos. Las cosas suelen ser más fáciles de lo que esperamos, pero tenemos este romanticismo en nuestra vida, ésta creencia basada en las películas de que todo puede pasar. Y lo hace, pero no mágicamente. Más bien dependiendo de tus capacidades.
Pienso que la vida sería una fabrica de conceder deseos si en vez de pedir deseos a algo imaginario, a algo allá arriba en el cielo; lo pidiéramos a nosotros mismos.
Ha llegado el momento de tomar las riendas de nuestras vidas y dejar de tener la romántica y superficial creencia de que alguien llegará a nuestras vidas para arreglarla y hacerla mejor. ¿Cómo es eso siquiera posible?
Es absurdo.
Nadie más que tú puede hacer su vida perfecta.
Ninguno de nosotros está libre de sufrimiento. Hay quienes lo viven y lo sufren día a día y hay quienes lo aceptan, aprenden y siguen adelante. Y esa es la mejor forma. No hay nada peor que quedarse lamentando por siempre de algo insignificante. Si las personas no te merecen, déjalas ir. Si te hacen daño, aléjate. Si no te gusta en lo que te conviertes, cambia.
Es tan simple como eso y aún hay tantas personas sufriendo el circulo vicioso.
Por lo tanto, no te rindas ni te desanimes por las piedras en el camino. Están ahí para hacernos más fuertes. El mundo es un lugar extraño pero está en cada uno de nosotros hacerlo un lugar cálido y seguro.